“La trata es la forma más atroz de violencia de género”

La periodista Sibila Camps presentó este viernes su libro “La red. La trama oculta del caso Marita Verón” en el marco de “Arte en Primavera”. La escritora construye en su obra, la red de explotación sexual y trata más importante del noroeste del país, a partir de la cobertura del juicio por Marita que cubrió como periodista del diario Clarín. En su disertación contó que “en Tucumán la gente sigue con miedo” y habló del polémico fallo en donde los trece imputados fueron absueltos.

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En el marco de “Arte en Primavera” por la no violencia de género, este viernes en la Casa del Bicentenario la periodista Sibila Camps presentó su libro “La red. La trama oculta del caso Marita Verón”. El juicio por el secuestro y desaparición de la joven tucumana en los que los trece acusados fueron absueltos hace un año atrás, es el disparador de la obra que reconstruye la red de explotación sexual y trata más importante del noroeste del país.

Camps cubrió el proceso para el diario Clarín, donde trabajó más de 30 años, y como cuenta en el libro “en la segunda semana me di cuenta de que el grueso de lo que observaba, quedaba fuera de mis notas, y de que necesitaba dejar constancia de todo eso, que tampoco cabría en la sentencia, cualquiera que esta fuese”.



La corresponsal ya conocía Tucumán y años atrás había escrito “El sheriff. Vida y leyenda del Malevo Ferreyra”. “Tucumán fue una provincia muy rebelde durante la resistencia peronista, sobre todo de la mano del sector ferroviario y el azúcar”, contó Camps en su visita a Olavarría. “Fue muy combativa, había una efervescencia estudiantil, gremial, con los curas del tercer mundo. Pero luego del ’65 el Ejército oficia de manera oficiosa y arrasa con todo. Para la vuelta de la democracia queda una Policía adestrada, de ahí sale el Malevo”.

Para la especialista, la matriz de miedo que se construyó continúa aún vigente donde “la gente sigue con mucho miedo”. En relación a la trata con fines de explotación sexual, la periodista sostuvo que existe desde hace mucho tiempo allí. “La trata es la forma más atroz de violencia de género porque a las mujeres las hacen abortar, las privan de tener una familia, además de ser una violación paga”, consideró.

El comunicador social Jorge Arabito fue el coordinador de la actividad, quien en un momento le preguntó a Sibila Camps “¿Por qué Marita?”. La escritora explicó que “se equivocaron de víctima. No es el perfil de madre soltera, con bajos recursos y bajo nivel de instrucción en donde son captadas bajo engaños. Marita se resistio y le pegaron un culatazo. Ella vivía en pareja, tenía una hija, había empezado a estudiar arte y tenía una familia que tenía recursos para salir a buscarla. Esto fue lo que marcó la diferencia”, contó la escritora.

En relación al caso, Sibila Camps considera la existencia de dos crímenes: en primer lugar el secuestro de la joven de 23 años ocurrido en el 2002, y diez años después la sentencia del juicio. “Tras el fallo Susana (Trimarco) estaba indignada. Yo me quedé atónita al igual que los colegas que lloraban”, relató quien fue corresponsal para el diario en papel y digital.



“Lo primero que uno nota de la sentencia es que está escrita con los pies. Hay una regla fundamental y es que si uno explica porque considera que determinada cosa es blanco, no puede utilizar esa fundamentación para decir que otra cosa es negro. A las mujeres víctimas que declararon no les creían que habían estado con Marita Verón pero si les creían que habían sido víctimas de trata”, ejemplificó la profesional.

Por último contó sobre el proceso donde se juzgaron a trece personas, hombres y mujeres vinculadas a la explotación sexual, que “lo que llama la atención a abogados de la Fiscalía es que la Corte tiró el juicio al bombo. El fiscal asignado cumplió 80 años durante el juicio. Usaba audífono que se acoplaba con los micrófonos y no estaba permanentemente. Le asignaron un fiscal adjunto que no estaba formado en juicio oral”, agregó

Para Camps, además, el tribunal no tenía perspectiva de género, por lo que no entendían el vocabulario de las víctimas ni los “códigos” de los explotadores. Finalmente sostuvo que “hubo una voluntad explícita” de no tener registro de las audiencias: “Salvo la apertura y la sentencia que fueron televisados, no quedó nada más grabado”, detalló.




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