“Diana, la cazadora”, otra vez en su lugar

En las últimas horas fue restituido el histórico monumento al predio de la estación de trenes, caído a mediados de enero. Personal municipal realizó trabajos de restauración en colaboración con los integrantes de la Sociedad Libanesa, colectividad que originalmente donara la escultura. El escritor Claudio Filardo nos regala la segunda parte de la historia del monumento en honor a la Diosa de la mitología griega.

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Por Claudio Filardo

Continuando con la historia del monumento a “Diana, la Cazadora”,
caído el sábado 18 de enero
, fue restaurado y lo volvieron a ubicar en el predio de la estación de trenes, previo trabajo de pintura en los talleres viales del Pikelado. La Municipalidad le dio una mano de antióxido y los integrantes de la Sociedad Libanesa, de nuestra ciudad, aportó la pintura para que luzca mejor que antes.




Diana, su historia

La bellísima escultura de Diana Cazadora, que nos donara la colectividad Libanesa 85 años atrás es, desde el punto de vista escultórico, una pieza de gran valor artístico, y entre todos los monumentos con que contamos, no hay otro en esta calidad tan bien construido, que pudo superar la caída del pedestal sin dañarse.

Esta escultura es réplica de la realizada en mármol por un escultor griego, posiblemente 600 años antes de la era cristiana. El ropaje de la diosa es característicamente griego y todo gira en derredor de la leyenda que la mitología le atribuye a ese personaje. Esa escultura original fue replicada en bronce en Francia, y se encuentra en el Museo del Louvre, además de servir de molde para sucesivas reproducciones, una de las cuales es la que está en su lugar de emplazamiento actual en nuestra ciudad, y que anteriormente había ocupado un lugar de privilegio en una pequeña rotonda de la Av.Pringles y Necochea.

Vale apreciar las líneas estilísticas de esta obra que ha pasado prácticamente inadvertida por nuestro vecindario, dado que siempre estuvo en un lugar de paso, sin que se formara algún entorno digno de ser tenido como lugar de admiración por el arte escultórico. No está de más señalar que a pesar de sus años a la intemperie, el estado de esta obra es admirable, luciendo ahora una pátina que le ha dado un color particular.


La obra se compone de la diosa Diana, que se acompaña de un cervatillo del cual se ocupa su mano izquierda, en tanto la derecha se apresta a tomar una flecha del carcaj que porta sobre su espalda. Está en movimiento, dando un paso, todo en una armonía feliz del conjunto que llama la atención por el cuidado de los detalles que tuvo el escultor autor de la primera versión, tantos siglos atrás.

Diana Cazadora es Ártemis, una hija de Zeus, hermana gemela de Apolo, la que al ver los sufrimientos de su madre, Leto, por el parto que dio nacimiento a su otro hijo, pidió no ser destinada nunca a matrimonio, deseosa de mantenerse virgen por toda su eternidad, lo que logró. De ahí que la retrataran los artistas siempre hermosa y joven. El nacimiento se produjo en Delos, de donde resultó su incorporación en la mitología griega. Sin embargo, esta Ártemis griega tiene su versión mitológica itálica y romana, que la conoce como Diana Cazadora, una deidad de carácter arisco, entretenida solamente en la caza de ciervos, a los que persigue constantemente. También dirige sus flechas contra los humanos, y se le atribuye a ella el mal que suele provocar la muerte de mujeres por parto. Se le reconoce un carácter vengativo y participación directa en el asesinato de todos los hijos de Níobe, seis varones que fueron ejecutados por Apolo, y las seis mujeres por Ártemis.

En tanto lo expuesto tiene que ver con el origen griego de esta diosa, se sostiene que su mito fue llevado por colonias griegas asentadas en la Italia meridional, especialmente en Cumas, dando un culto de adoración y santuarios, uno en Capua donde adoptaron para ella el nombre de Diana Tifatina, y otro en Aricia, a orillas del lago Nemi cercano de Roma, donde era llamada Diana de los Bosques. De alguna manera su historia derivó a adjudicarle la virtud de cuidadora de la naturaleza y los animales. (Datos extraídos de un Diccionario de Mitología Griega y Romana, de Pierre Grimal).

Ahora nuestra ciudad, cuenta con otro monumento restaurado, como el de Belgrano, en la plaza del barrio San Vicente; el de la madre y del Cnel.Olavarría -aunque no hayan sacado los nidos abandonados de los horneros- en la plaza central; a los bomberos voluntarios, en el parque Mitre y el busto de Pablo Fassina, en el barrio Luján.




Sería interesante que puedan continuar con estos trabajos y que no tengamos que esperar a que suceda algún hecho como el de Diana, para que pongamos atención en que los monumentos, estatuas, bustos, esculturas y monolitos, son parte cotidiana del transcurrir diario de nuestra ciudad.

Para señalar alguno, hay dos monumentos que están pidiendo urgente restauración y son el del Gral. San Martín, en el parque Lara y la estatua de la Libertad, que tenía luz en su brazo derecho, en la esquina de Colón y Brown, inaugurado el 22 de noviembre de 1970.




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