Noticias del CEF 44

El centro de educación física que funciona en el barrio CECO informó sobre la participación de su equipo en la liga regional de Fútbol femenino y sobre las obras en su cancha de futbol por intermedio de un ex alumno.

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Este domingo, se disputa una nueva fecha de la Liga Regional de Fútbol femenino en las canchas del CEF 44 del Parque Avellaneda, en esta ocasión a las 10 horas jugarán Las chicas del CEF de nuestra ciudad, contra Potreros de Tandil. Luego a las 12 horas se enfrentarán el equipo de la Dirección de deportes de Las Flores vs. Potrero de Tandil, y por último a las 14 horas se medirán las chicas del CEF 44 de Olavarría con el representativo de Las Flores.

El equipo del CEF 44 dirigido por el profesor Claudio Pinedo , ya suma 4 puntos, al haberle ganado 2 a 0 a Lobos y con el empate en 1 a 1 con el equipo de Cañuelas disputados en la ciudad de Las Flores durante la primer fecha.

También habrá cotejos amistosos de menores donde participarán equipos del CEF Nº 100 de Sierra Chica, las del CEF 44 del Bº CECO y las mas chicas de la ciudad de Las Flores.

Por otro lado informaron que el pasado martes 10 se culminaron las obras para dotar nuevamente de iluminación la canchita del Barrio C.E.C.O donde el C.E.F. Nº 44 imparte sus clases de futbol. Por ello la Institución agradece a todas las personas que lo hicieron posible: Personal de Coopelectric, Sres. Oscar Montero, José Maceo Daniel Calzoni, Eduardo Costilla, Cachito y Mario Troia, Cosentino, Gustavo Corso, Lucio y Jesús, Gustavo Rebol, Omar Fernández y Romina Ponce, a la Asociación cooperadora del CEF 44 y a los padres de los alumnos.

La canchita de la infancia

Por Bruno Barresi


Esos muchachos llenaron mi infancia de risas, viajes y alegrías. Cuando se me da por recordar la infancia, estas imágenes colman mi memoria, mis retinas, la piel y el corazón. ¿Se puede haber sido más feliz? Absolutamente, no.

Por lo menos para mí. No necesitaba más que eso: un grupo de compañeros y amigos, la ansiedad que producía la espera del profesor José Luis y su llegada con la bolsa llena de pelotas y el correteo por toda la cancha pateando pelotas al aire hasta que "el profe" lograba ordenarnos y juntarnos para empezar la práctica.
¿El escenario? La gloriosa canchita de al lado de la iglesia. Un terreno lindante a la iglesia San Cayetano y al patio de la Escuela Técnica. Un paraíso de tierra, algo de pasto y varias piedras. Alambres flojos y palos gruesos de madera eran el contorno de "nuestro estadio". A los 6 o 7 años, la cancha nos parecía eterna, interminable, lejana.

Hoy, al revivir en los picados con los amigos, hay que acotar el número de jugadores, medir los espacios y los movimientos. Antes éramos un grupo numeroso de gurrumines que corríamos enloquecidos detrás de una número 5 gastada, con gajos salteados e hilos que perdían el curso de sus costuras. No importaba el estado en el que estuviera la pelota ni el ardor que producían los raspones luego de una caída. Éramos felices. Éramos niños que pateábamos la pelota durante un par de horas y eso nos llenaba el alma de alegría y la cara de sonrisas.

"Tres equipos. Los dos de la punta eligen dos y el del medio uno. ¿En qué mano tengo la piedra? El que pierde, su equipo espera afuera", decía José Luis. Era un maestro de la vida para todos. "No se amontonen ni corran todos atrás de la pelota, toquen y hagan pases". Cuanta paz, sabiduría y armonía.

El escritor Eduardo Sacheri dice en su cuento "Fotos viejas": ¿Para qué mira uno fotos sino es para mejor ejercitar y dirigir la facultad de la memoria?; ver una foto es trampear al tiempo; una foto es una ventana a otro presente, a otro mundo, a otra vida; si uno mira una foto a conciencia, de inmediato debe evocar el momento en el que la tomaron; una foto es la vida como era entonces.

Recuperar la memoria hace que cada vez que vuelvo a Olavarría, pise esa cancha, la recorra a pasos lentos y pausados, mirando el suelo, los arcos, el alambrado. Miro la cancha, miro a mis compañeros y al profesor José Luis Vedelini. Me sumerjo en un puñado de hermosos recuerdos. Y cuando la pelota empieza a rodar en esta cancha, encuentro cuál es uno de los sentidos de mi vida.

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