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Marcelo Oliván / infoeme.com
El colectivo de El Rápido que viene desde Azul se para 500 metros antes de llegar al peaje de Hinojo. Anochece, y nadie en el pasaje sabe por dónde llegaremos a la Ciudad. Se escuchan voces que salen de la cabina de los choferes y el micro vuelve a ponerse en marcha. Por la ventanilla se ve que el ómnibus que venía adelante esperó al nuestro y que ambos coordinaron cómo entrar a Olavarría por camino de tierra. Giran y entran al sendero de polvo.
Son las 18:30 del viernes. El aire empieza a llenarse del olor seco y decepcionante de la tierra que entra por las ranuras del vehículo. La chica que viaja al lado se tapa la nariz con el cuello del buzo. La señora de 70 y algo que viene en el asiento de la derecha, en la otra fila, dice “vamos por camino alternativo” y después se queda muda y con la mirada clavada en el horizonte. Ha visto ya cosas más terribles que la que nos rodea.
El sol se esconde en el horizonte, en un cielo totalmente rojizo y entre nubes largas. El micro se bambolea. Los pastos amarillos completan el paisaje.
Parece Uganda. Parece cualquier cosa. Parece mentira.
Corporaciones o gente sin vergüenza
¿Cómo llegamos a dónde llegamos? Es probable que estemos acá por obra y gracia, básicamente, de una dirigencia política e institucional con mirada estrictamente corporativa, con enorme capacidad de producir incendios y con escasa pericia para apagarlos.
Allí no hay mucha diferencia entre partes: Gobierno y ruralistas (y entidades gremiales que tienen poder sobre los transportistas), tienen una enorme capacidad de aguante económico, de modo que pueden esperar siglos que su adversario afloje.
Para Néstor y Cristina Kirchner es relativamente fácil pedirle a su tropa “paciencia oriental, porque esta lucha es larga”. Tiene ellos mismos fortuna personal de sobra, y los suyos cuentan con una caja política ilimitada para sí y para captar nuevas voluntades políticas, como las de gobernadores, legisladores e intendentes que no sacan los pies del plato porque si lo hacen desde arriba les cortan el financiamiento sobre el que descansan sus reelecciones y su calidad de vida. Pocos gobiernos tuvieron una caja tan enorme, tan centralizada y tan opaca como éste.
Para “el campo” es relativamente simple mantener el estado de protesta permamente y lanzar por los medios frases altisonantes, como “no aflojaremos” o “no nos sacarán de la ruta”. Tienen capacidad económica para aguantar otro año más sin comercializar nada, y con vender una sola carga de hacienda o de cereal pueden ponerse al día. La misma tarde del viaje narrado más arriba este cronista vio maquinaria agrícola trabajando con luces artificiales campo adentro. Mientras anuncian “paro”, la tarea interna en los campos sigue y las exportaciones de mayo de 2008 fueron superiores en volumen a las de 2007, en todos los cereales. Pocas generaciones del agro juntaron tanta plata como ésta.
Para un gremialista como Hugo Moyano (o como Eduardo Amaya en Olavarría) es bastante simple convocar a un paro, o armar un piquete de transportistas o movilizar influencias para que los empresarios del autotransporte terminen de cortar las rutas para presionar a los ruralistas. Los gremios grandes de la Argentina tienen una capacidad de presión notable, y sólo esa capacidad le permitió a Luz y Fuerza en Olavarría dejar sin luz a la población civil de Sierras Bayas, en complicidad con la Cooperativa de Electricidad, para lograr un aumento de tarifas. A pesar de que entre los 300 desconectados había chicos enfermos.
En ese contexto, quedó en el medio la gente de a pie, la que no tiene entidades que la representen, la que no integra corporaciones que se golpeen el pecho diciendo que hablan por el interés común mientras le pisan la cabeza al vecino, al usuario o al ciudadano que tienen al lado, con tal de presionar para lograr su objetivo sectorial, sea un aumento de sueldo, una baja de las retenciones o una mayor captación de impuestos.
Como esos ciudadanos vienen quedando desprotegidos, como solamente tienen derecho los que tienen asociaciones que los defiendan, tal vez sea el momento de crear algunas entidades que están faltando.
Y como esta semana ha sido un tanto dramática y tensa, pongámosle un poco de entretenimiento al asunto de crear las corporaciones que nos faltan.
Asociación de Deudos que Quieren Enterrar al Familiar Muerto (ADQEFaM). El jueves un cortejo fúnebre que salió de Olavarría trató de llegar por la vía habitual al cementerio de Cacharí o de Saladillo, según la fuente que se consulte. No pudo: en Hinojo le cortaron el paso. Para seguir viaje tuvo que tomar por camino de tierra. Repitamos, porque no hubo error: no dejaron pasar a un muerto. La ADQEFaM sería la corporación que le garantizaría a cada familia que su familiar muerto puede ser enterrado como Dios manda (y como los piqueteros no quieren). Hay que crearla ya.
Sociedad de Padres con Hijos Nebulizados por Bronquiolitis (SoPaHiNeBro). El lunes, en varias casas de los barrios Químicos, San Cayetano y Catriel de Sierras Bayas amanecieron sin luz. Los que querían nebulizar a sus hijos no podían, y debieron trasladarlos de vivienda. Un rato más tarde los vecinos detectaron que se habían quedado totalmente sin luz porque uno de los fusibles del tendido barrial había sido desconectado a propósito, y nadie lo reponía porque Luz y Fuerza estaba de paro. La SoPaHiNeBro también podría servir para defender los derechos del anciano con respiración asistida que debió ser llevado a Villa Arrieta. Y los de la pibita de un caso que no trascendió hasta hoy: está sometida a aspiración pulmonar permanente, y debieron llevarla a Colonia San Miguel.
Cámara de Padres y Abuelos de Adolescentes Deportistas que Están Jugando Afuera (CaPAADEJA). En estos días varias delegaciones de deportistas locales están afuera de la Ciudad, pero una ha dejado a varios padres con el corazón en la boca: las escuadras de hóckey que están en Bahía Blanca. Los padres no saben cómo harían en caso de tener que reencontrarse con sus hijos por una emergencia. Lo que sucede en el medio es patético: Laprida, una ciudad mucho más agropecuaria que Olavarría, está literalmente sitiada, según todos los corresponsales radiales conocidos, y eso que ninguno se tiraría contra el sector rural porque sí.
Federación de Pobres Tipos que Querían Un Crédito PyME (FePoTiQUCP). En el Banco Santander la tasa de créditos para monotributistas pasó del 21% hace tres meses a 40,89% el viernes a la tarde, y es casi una utopía conseguirlo. Es el caso más escandaloso de la transferencia de problemas de un sector de la economía a otros. Los créditos prendarios para pequeños vehículos, como una camioneta de reparto, corrieron suerte similar en los bancos privados. Esos sectores, que no tienen nada que ver ni con el Gobierno ni con el campo, pagarán carísimo el enfrentamiento y el bloqueo al que son sometidas las ciudades el interior.
Sindicato de Gente que quiere Trabajar (SGT). Cuentapropistas, comerciantes, changarines, autónomos, asalariados que están cerca de ser suspendidos, informales y profesionales liberales o con estudio propio ya ven que si los bloqueos siguen su ingreso se cae, indefectiblemente. El SGT sería la más compleja y amplia de las corporaciones por crear porque tendría una escala de afiliados y de tarea francamente titánica.
Asociación de Pasajeros Argentinos (APA). Centenares de personas quieren planificar su viaje en paz, donde quieran ir, y sobre todo descansar como se merecen en un fin de semana largo, porque el esfuerzo de unos vale tanto como el de los demás. Un micro que salió de La Plata el sábado a las 14:20 llegó a Olavarría a las 23:30. Tuvo nueve horas de viajes, con cortes de ruralistas, paradas policiales y entradas y salidas por caminos de tierra. Como en una Africa de dictadores, no como en una Argentina de democracia.
Núcleo de Gente que quiere Laburar y Vivir en Paz (NuGeLaViP). Esta semana no se pudo calcular el alquiler del mes que viene; comprar leche a precios razonables; planificar la compra en cuotas de bienes mínimos; pensar en el Día del Padre y no en el Día del Agro o en el Día del Peronismo; contratar nuevo personal; pensar en las vacaciones de invierno; cargar combustible a precio vil; hacer un asado tranquilos; viajar a ver a seres queridos; cambiar el boliche de categoría impositiva; pintar el quincho; renovar camperas dignas o frazadas nuevas para pasar el invierno; pedir prestado por voluntad y confianza (y no por desesperación o angustia); hacer regalos; pensar en mañana; ponerse al día; apretar un botón y que se prenda una luz; darle calor a los enfermos de Sierras Bayas; recibir un repuesto insustituible; traer a la Ciudad un molino que da trabajo; zafar de una Terminal como la de Olavarría y seguir viaje; contar con un juez federal digno que al menos no diga que con una birome no puede hacer nada; calcular cómo bancar a los hijos que el año que viene (o éste) se van a estudiar a otra ciudad.
Todas cosas que a un productor que factura millones y que a un político que busca poder y brillo le importan un bledo. Pero que son la base de conciencia y el corazón de los ciudadanos que le dan vida al país.
En código de amigos, entre chanzas, ambos bandos confiesan su verdad. “Kirchner está pensando para dentro de 50 años”, se entusiasman en el oficialismo gobernante, sin ver que no piensan para hoy. “Yo no sé para qué mi hijo va al corte, si nunca ganamos tanta plata como ahora”, reconoce internado en una clínica céntrica un productor de 700 hectáreas.
Afuera es Africa, Kosovo, nunca Olavarría. Bandas de camioneros que cobran en alfajores de viajeros el peaje a los colectivos queman cubiertas en la noche.
Productores agropecuarios que nunca ganaron tanto como ahora y dirigentes políticos que nunca tuvieron tanta hegemonía estructural ni tanta caja como ahora se pelean a ciegas, sin ver más que a su oponente.
Afuera de ese ring infame, sin corporación que los defienda pero con una Constitución que los respalda, miles, millones, muchos, empiezan a cansarse del todo y a pensar en decirles que no tienen el más mínimo derecho a tenernos a todos, tan pero tan agarrados de los testículos.
Rehenes, nunca más.