No es un juego

Pasó en Tandil. Una chica de 14 años apareció muerta en su casa. Desde el primer día de la causa, su hermano de 16 es el principal sospechoso del crimen.

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

De probarse la hipótesis judicial, el caso es dramático por donde se lo mire. En Tandil, asesinaron a Ayelén Rolando. Tenía 14 años. Apareció muerta en su casa. Desde el día 1 de la causa, su hermano de 16 años, pasó a ser el principal sospechoso del crimen.

No cierra su relato como testigo. No hay ingresos de terceros a la casa. El único que estaba en la casa con la víctima fue él.

Como si fuera poco, el chico declaró que a las 21 horas dormía, igual que su hermana, y que por eso no contestaron el timbre que tocaba de modo insistente su propio padre.

El chico relató que luego, sí se despertó ante el sonido del llamado telefónico de su papá. Siempre según su relato, una vez despierto, encontró a su hermana muerta en el baño, y la arrastró al pasillo en un intento por reanimarla.

Nada cierra.

Y para colmo, en contra del chico, apareció el relato de un testigo que asegura que los hermanos solían “jugar” a prácticas asfícticas que consisten en colocar en estado de inconciencia al otro.

De probarse que la muerte de Ayelén se dio en este marco, o en un contexto parecido, hay que decir que esa práctica “no debe entenderse como un juego”. “De juego no tiene nada”.

La primera conclusión forense es que el estrangulamiento de Ayelén fue a lazo. Investigan si fue con un cordón de zapatillas.

Ahora, expertos de la asesoría pericial de psicólogos del poder judicial someterá al menor de 16 años a diversos estudios.

Por las dudas, y ante la sospecha que recae sobre él, extrajeron muestras para eventual cotejo de ADN. Duele imaginar el deselance que incrimine al menor. Duele, espanta. Cuesta digerirlo.

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