Los muertos que no interesan

Desde hace 4 años, un hombre empezó a planificar una venganza despiadada y la cumplió en extremo. Cuatro muertos de los que no se acuerda nadie.

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

Si el caso hubiese sido en Recoleta, los medios hablarían del tema durante un año. Pero el caso no fue en Recoleta. Fue en el barrio Lever de Avellaneda, y los medios, discriminatorios, como parte de la sociedad, no le dieron importancia.

Lo cierto es que se trató de una masacre infernal, con claro tinte mafioso.

Desde hace 4 años, Leandro Banegas, empezó a planificar una venganza despiadada y la cumplió en extremo.

Hace 4 años, a Banegas le habían incendiado la casa en una guerra narco despiadada. Entonces, Banegas, con apenas 22 años, y alto sentido criminal, invitó a sus enemigos a una fiesta que se hacía en la casa 132 del barrio Lever.

Gabriel Recalde, alias “Gaby”, fue el encargado de pasarle el arma a Banegas. En minutos, Banegas arrancó a los tiros. La masacre fue brutal.

Hubo seis personas baleadas. Cuatro murieron. La lista de asesinados fue: Gabriel Tapia, Aldo Quintero, Jhonatan Luis Quintero y Mauro Martínez. Los heridos fueron Leandro Almirón y Maximiliano Almirón.

Banegas no tuvo piedad. A una de las víctimas la corrió 300 metros para asegurarse su ejecución.

Pero hay algo más, documentado por los testigos: en cada asesinato, Banegas, después de disparar, le tiraba un botellazo en la cabeza a cada víctima, para asegurarse el resultado muerte.

Tras la masacre, Banegas escapó. Se mandó mensajes de texto con la ex, al punto de decirle: "Voy a seguir matando. No tengo nada que perder".

Banegas escapó a Entre Ríos, luego a Corrientes, y a las 12:17 del 31 de marzo de 2014, llegó a Paraguay con la identidad de su hermano, Rodrigo Sebastián Banegas. Cruzó en una embarcación. En un pueblo de 500 habitantes lo ubicaron y detuvieron. Ahora, falta su extradición.

En los medios, el caso no existe. Cuatro muertos de los que no se acuerda nadie.


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