La imaginación puede imprimirse

Sebastián y Joaquín, estudiantes avanzados de Ingeniería Industrial, tienen en marcha en la FIO un emprendimiento que brinda servicios de impresión 3D. Grandes y pequeñas empresas, investigadores, y coleccionistas, podrán tener piezas únicas.

Crear, imprimir, y usar. De la pantalla de la computadora a la mano, de lo virtual a lo tangible, casi cualquier objeto se hace realidad en pocos minutos. Así de fácil. Un repuesto del auto, la carcasa de un celular, un juguete de colección, y hasta una pierna de plástico, casi todo puede ser construido por una impresora 3D, en poco tiempo, en cualquier lugar, y a un bajo costo.


La impresión tridimensional revolucionó la concepción sobre la construcción de estructuras físicas. Cualquier objeto imaginado ahora puede materializarse rápidamente, sin necesidad de acudir a las grandes industrias.


En la Facultad de Ingeniería de la UNICEN, este modelo de construcción de piezas ya está en marcha, a partir de un emprendimiento de dos estudiantes avanzados de Ingeniería Industrial, quienes conformaron una empresa dedicada al diseño e impresión de objetos. Es la primera iniciativa profesional capaz de brindar servicios al sector industrial, educativo, e inclusive al doméstico.


Hace más de un año, Sebastián Coria y otros compañeros participaron de una exposición sobre impresión en tres dimensiones. Con la misma lógica de la máquina, allí empezaron a darle cuerpo a la idea de formar una empresa. Pasaron varios meses y cambiaron los interesados. Coria se lo propuso como Proyecto Final de Carrera, y ahora junto a Joaquín Domato, formaron la empresa "Imprimat 3D", que está en etapa de experimentación y pruebas.


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Es la primera sociedad del centro bonaerense capaz de brindar servicios profesionales para la creación de estructuras tridimensionales. Y es también el primer proyecto concreto que se consolida en el Centro de Desarrollo Emprendedor e Innovación de la Facultad de Ingeniería (CDEI). Este Centro nuclea además al Gobierno Municipal, y potencia el emprendedorismo y la innovación tecnológica en las empresas a partir de proyectos basados en la transferencia de conocimiento.


Réplicas


Sebastián y Joaquín invirtieron todos sus ahorros para comprar una impresora 3D. Durante meses intercambiaron todo lo que encontraron sobre las técnicas y las potenciales aplicaciones. Y bucearon en las necesidades de un mercado poco explorado en la región.


Hoy están instalados en el CDEI de la Facultad de Ingeniería, que les brinda un entorno preparado para la incubación y la puesta en marcha de emprendimientos. "Acá podemos trabajar tranquilos. Para arrancar, el CDEI nos viene bárbaro", admitió Coria. "Ahora estamos en la etapa de probar, investigar, aprender a usar la máquina, y en cualquier momento empezamos a brindar el servicio de 3D", se entusiasmó.


En vez de imprimir tinta sobre una hoja, esta máquina inyecta un hilo de material plástico sobre una mesa. Una boquilla especial calienta el plástico para hacerlo voluble, y se va colocando en la mesa en forma de delgadas capas, hasta que se forma el objeto que el diseñador ideó en su computadora. "Usamos plásticos PLA, ABS, con flexible, y hasta nailon y plástico reciclado", detalló el emprendedor.


Ellos se enfocan en tres potenciales clientes. Por un lado, grandes empresas y pymes que requieran repuestos o piezas de plástico que sean difíciles de conseguir. La impresora puede hacer desde tuercas hasta moldes complejos de repuestos.


Otro mercado está orientado al ámbito educativo y de investigación. Por ejemplo, se puede emular un hueso de algún animal prehistórico para completar un esqueleto, o replicar un órgano humano para hacer más lúdica una clase de medicina.


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Los jóvenes también advierten un tercer nicho comercial orientado a coleccionistas. Es que pueden hacer réplicas exactas de autos en miniatura, muñecos de superhéroes, o diversos juguetes.


En cualquier caso, el cliente es el que define en gran medida lo que quiere hacer realidad. "el grado de innovación lo pone muchas veces el cliente", reafirmaron Sebastián y Joaquín. Ellos se capacitaron en el manejo del software específico, y son capaces de diseñar el objeto virtual que luego será corporizado.


Las fronteras de las innovaciones son prácticamente infinitas. Sebastián y Joaquín se animaron a materializar una idea, y hoy son un caso concreto de dos emprendedores listos para brindar un servicio profesional a un mercado ávido de alternativas más cercanas, de calidad, y menos costosas.


Mientras tanto, asoman en la Facultad de Ingeniería otros jóvenes en pleno impulso de su emprendimiento tecnológico, con innovaciones que potenciarán desarrollos de alto impacto regional.


Fuente: Prensa FIO.

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