Inspección en la Unidad 2: ratas y hacinamiento de detenidos

El Cómite contra la Tortura, dependiente de la Comisión Provincial por la Memoria realizó una inspección en el penal de Sierra Chica, en la que reveló las condiciones deplorables en que viven los internos. Realizaron entrevistas a más de 300 detenidos y presentaron acciones urgentes ante los 19 departamentos judiciales bonaerenses. Filtraciones de agua, insectos, ratas, mala alimentación y hacinamiento forman parte del día a día.

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El 18 y 19 de febrero, un equipo del Comité contra la Tortura inspeccionó la Unidad Penal 2 de Sierra Chica. El órgano, perteneciente a la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires, constató condiciones infrahumanas de detención e incumplimiento de órdenes judiciales que disponían el alojamiento en otros penales del conurbano bonaerense de varios de los detenidos entrevistados.

El Comité realizó más de 500 entrevistas con detenidos y presentó más de 300 acciones urgentes ante los 19 departamentos judiciales de la Provincia. A raíz del informe además, sugirió que los pabellones 8,11 y 12 de Sierra Chica deben clausurarse en forma inmediata, y se debe cumplir en forma urgente con las órdenes judiciales.

Durante la inspección se pudo verificar que los techos de la Unidad tienen grandes filtraciones de agua y, por lo tanto, cada vez que llueve se humedecen los pisos, camastros, colchones y las escasas pertenencias de los detenidos. Improvisan entonces canaletas con sogas y bolsas, intentando contener la lluvia que cae constantemente en el interior de las celdas.

A las filtraciones se les suma una artesanal instalación eléctrica que consiste en cables pelados que rodean las paredes y pisos de las celdas, constituyendo otro factor que pone en riesgo la integridad física de quienes están alojados y profundiza las graves condiciones de alojamiento.



En el pabellón 8, destinado a alcaldía, se encontraron 115 personas hacinadas compartiendo celdas de 2 por 3 metros aproximadamente. La alimentación es escasa o nula y los detenidos la describen como “zanahorias podridas con arroz y polenta”. El equipo constató que la comida del día anterior a la inspección consistía en una especie de sustancia viscosa con polenta y algunas verduras.

Durante el monitoreo también se comprobó la presencia de insectos, como cucarachas, que recorren las paredes y pisos tanto en las celdas como en los pasillos; y de ratas de aproximadamente 30 cm. con sus respectivas madrigueras, ante la indiferencia absoluta del personal penitenciario.

Los profesionales del equipo del Comité contra la Tortura manifestaron que: “Cuando los agentes caminan entre las ratas con naturalidad, aparece la imagen más horrorosa de la deshumanización; para ellos las ratas y los detenidos son lo mismo: la negación absoluta y cabal de que allí hay hombres, una negación más lacerante que la violencia física”.

Según se desprende del informe, a esta situación se le suma un régimen que consiste en 24 horas de encierro en las celdas, sin acceso a las duchas, instancias recreativas, educativas o laborales ni comunicación telefónica con sus familiares o respectivos juzgados. Los pocos casos en los que los detenidos acceden a instancias educativas y laborales lo hacen de forma extremadamente precaria a través de una ventana con rejas donde el maestro o profesional da la clase o realiza el tratamiento de la persona desde el otro lado.

Finalmente, en el pabellón 11 denominado como “tratamiento personalizado”, y donde debería brindarse un abordaje terapéutico, el aislamiento es permanente. Allí las personas están alojadas por meses en celdas individuales, sin luz, agua o acceso a teléfono.



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