Ingeniería trabaja en la renovación de sus planes de estudio

"Estamos ante un momento académico histórico" consideró la Dra. Adriana Rocha. Secretaria Académica de la FIO desde 2012.

Es usual que las Facultades revisen sus Planes de Estudio periódicamente. Y no está mal que esos períodos ronden el decenio. "Pero hasta tiempo atrás, la revisión prácticamente se limitaba a actualizar los conocimientos específicos. Y ahora eso no es suficiente", explica la Secretaria Académica de la FIO, Dra. Adriana Rocha

Salvo para algunas carreras más nuevas, en la mayoría de los casos las últimas revisiones remiten a 2005. Hasta ese momento, el mayor desafío para la formación de los Ingenieros pasaba por impartir los conocimientos propios de cada especialidad, en un escenario que preveía un aumento exponencial de ese caudal informativo.

Conocimientos infinitos

"Los conocimientos crecen de tal manera", explica Adriana Rocha, "que se hace imperativo rever las modalidades de enseñanza. Posiblemente esto sea común a otras carreras, pero en las Ingenierías y carreras afines que dictamos en la FIO, no tenemos opción. La sociedad nos pide que enseñemos las competencias, más que los conocimientos. Y enseñar competencias significa hacer posible que nuestros estudiantes aprendan 'cómo hacer'. Porque a la información hoy se accede en segundos, desde los móviles. La clave pasa por saber qué hacer con esa información. Desarrollar la creatividad, el emprendorismo, la innovación. La sociedad le va a pedir a nuestros graduados que agreguen valor al conocimiento. Al Ingeniero le van a pedir que gestione, que decida, que cree".

Esa demanda de saber 'cómo hacer', no se detiene en las competencias tecnológicas. También se reclama por competencias actitudinales: la ética, el compromiso social con el entorno, la proactividad, el espíritu colaborativo. "Si observás la demanda de la sociedad hacia los recién graduados", amplía Rocha, "piden, entre otras cosas, capacidad para trabajar bajo presión, orientación a resultados, empatía, capacidad de trabajo en equipo. No nos podemos quedar impartiendo solo conocimientos académicos. Tenemos que dar un salto de calidad".

¿Cómo haríamos?

A pesar de que pueda entenderse el planteo general, la pregunta acerca de cómo llevar adelante estos cambios en la modalidad educativa surge sin buscarla. "Tenemos muchos docentes que forman parte, en el ejercicio profesional y en sus desarrollos personales, de esa sociedad que pide las competencias. Es decir que contamos con los recursos para adaptarnos. Hay que tener la actitud para transitar ese camino, abandonar el formato didáctico clásico y formar a los profesionales para otra exigencia", responde la funcionaria. "Aunque suene fuerte, estamos formando los profesionales de 2030. Hacer un Plan de Estudio lleva un par de años, después lo ponés en vigencia, y de ahí en adelante empiezan a ingresar los estudiantes. Y hasta que se reciben y ejercen... ya estamos en 2030".

Vara alta

El desafío, gigante de por sí, parece ensancharse cuando se piensa en los destinatarios de estos cambios: los llamados nativos digitales, chicos que nacieron con dispositivos electrónicos en el hogar y hoy manejan sus celulares con más destreza que sus docentes. "Ese es otro campo de la adaptación requerida", apunta Adriana Rocha. "Además de la cuestión conceptual que señalaba antes, tenés el tema de las herramientas pedagógicas. No se trata solamente de actualizar las tecnologías para dar clase. En realidad hay que adaptar las estrategias de enseñanza a estudiantes que funcionan diferente: sus niveles de atención son distintos, cambiaron sus expectativas, manejan otros códigos. Eso hace que el desafío sea mayor, y por eso hablo de que estamos en un momento histórico, ideal para revisarnos muy profundamente y hacer un cambio en la enseñanza con alcances bien intensos. Hay que estar a la altura de la profundidad de la demanda".

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