Inaugura una muestra colectiva en el Centro Cultural

Será la última del año y está compuesta por obras de cuatro artistas argentinos. Se trata de Itamar Hartavi, Pablo De Monte, Carlos Bissolino y Ramiro Oller quienes expondrán pinturas abstractas, paisajes, arquitectura y esculturas.

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Este sábado 7, a las 20 horas en el Centro Cultural Municipal “San José”, se inaugura una nueva muestra a cago de cuatro artistas argentinos, que cierra el año de trabajo.

La exposición estará a cargo de Itamar Hartavi, Pablo De Monte, Carlos Bissolino y Ramiro Oller quienes traerán al espacio cultural pinturas abstractas, paisajes, arquitectura y esculturas.

Carlos Bissolino

Este conjunto de pinturas de Carlos Bissolino fueron producidas entre 2006 y 2011. Desde hace tiempo el artista se volcó de lleno al color que se ha vuelto el principal protagonista de su pintura. Ha tratado telas de formato grande y mediano. En este caso se trata de gouache, tempera, acuarela, tinta, y otras operaciones heterogéneas, sobre papel.

La referencia histórica del inicio de la pintura de paisaje en Occidente sirve para aproximarnos a la obra de Bissolino y a la actitud contemporánea frente al arte y la historia. La actitud artística de Bissolino no se propone un lugar, un sitio específico, sino que son la pintura y el color que van al encuentro del paisaje. Él mismo va conduciendo a su acción en esa dirección. Su punto de partida es la exaltación casi extrema del color y de la misma pintura.

Itamar Hartavi

Nacido en Tel Aviv 1984, Vive y trabaja en Buenos Aires. Cuando se cuenta un chiste se propone una historia, una línea mental a seguir en la que existe un orden, y el chiste es que en algún momento, cerca del final, aparece un dato que da un nuevo sentido a toda la historia. Yo creo que las artes funcionan como chistes. La historia que se propone no hace falta que sea propuesta, es la historia compartida, no es solo un relato es también una sensibilidad una manera de percibir la realidad.

La obra entonces aparece como ese dato que reordena la información que compone nuestro relato y de esa manera altera, aunque sea por una ratito, nuestra percepción.

Pablo De Monte

Las pinturas, cajas y relieves de Pablo De Monte combinan diferentes fuentes históricas para desembocar en un lenguaje personal que, sin duda, contribuyó a diversificar el vasto campo del arte argentino de los 90. Premiado por la Fundación Telefónica (1995), obtuvo becas del Fondo Nacional de las Artes (1991) y de la Fundación Joan Miró (1993).

Si bien De Monte recurre a la cita del arte del pasado, prescinde de la euforia pictórica que caracterizó a la década de los ’80. Será la línea del dibujo y el uso del color plano lo que le permitirá tomar distancia con el objeto y despojarlo de matices emotivos, huellas irrepetibles y gestualidades exacerbadas.

Sus últimos trabajos traen como novedad no sólo la cita de artistas históricos – desde Piero della Francesca a Fernand Leger, Oskar Schlemmer y Allan D’Arcangello- sino también la apropiación de obras de pintores callejeros que pasan a ser sostén material de sus propuestas. El origen “no original” (en tanto producido por otros) poco cuenta a la hora de fijar la autoría. Finalmente es el acto combinatorio, el saber mezclar escrituras propias y de otros, el concepto que articula lo diverso, lo que resulta determinante en la idea de creación y de autor.

Ramiro Oller

La exposición de Oller lo cataloga como un cazador de abstracciones y fantasmas. En la obra de Oller, las abstracciones en dos dimensiones hechizan el ojo para inventar una tercera dimensión que corporiza los espectros.

Si pusiéramos una lupa sobre nuestras percepciones y pensamientos, veríamos que vivimos alucinando. En nuestra relación con el mundo tomamos cualquier dato o imagen e inmediatamente –por lo general de manera inconsciente– los ligamos a otro dato o imagen, y de ese choque sacamos un sentido novedoso. A veces el chispazo es de tal magnitud que nos quema la cabeza.

El fantasma (que viene del griego: aparición) es un espíritu que se desprendió de algo muerto y que se manifiesta ante la mirada como una silueta o sombra monocroma (oscura o blanquecina), por lo general transparente e incorpórea. La creencia general es que los fantasmas adoptan formas antropomórficas o animales, pero hay registros de todo tipo de fantasmas, muchos de ellos abstractos. Los que produce Ramiro Oller son de este tipo y remiten al arte concreto argentino, incluso antes de ser concreto: cuando era un denso fantasma de la abstracción en las telas que pintaba Juan del Prete. Ramiro Oller pinta sin pintura: usa papel fotográfico expuesto a la luz, y también papel polarizado, del que se utiliza para oscurecer las ventanillas de los automóviles. Hace collage que no parece collage.

Con esa materia prima, Oller produce figuras abstractas planas que sugieren cierto volumen, como si estuviéramos ante una obra de tres dimensiones. Oller llama a estas obras “futucubistas”. Es raro (en pleno siglo XXI) encontrar una manera de hacer nueva abstracción con formas antiguas. Ramiro Oller lo logra dialogando con la tradición. Sin traicionarla. Sin someterse. De aquellos cuerpos surgen estos fantasmas.




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