Ignacio Guido se presentó con su banda en el ND Ateneo

El pianista y compositor olavarriense, nieto recuperado de Estela de Carlotto, realizó una emocionante presentación en el teatro de Capital Federal, donde interpretó un repertorio cargado de historias y recuerdos, junto a su actual formación y la participación de Carlos “Negro” Aguirre.

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Fuente y foto: Télam

El olavarriense Ignacio Guido Montoya Carlotto, nieto de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto, se presentó este sábado en el ND Ateneo en lo que fue su primer gran actuación en Capital Federal luego de recuperar su identidad.

Acompañado por Florencia Otero (voz), Valentín Reiners (guitarra), Ingrid Feniger (clarinete y saxo), Luz Romero (flauta), Nicolás Hailand (contrabajo), y Juan Simón Colo Maddio (batería), el pianista inauguró el show con Nada más.

Luego, enmarcado en una serie de sonoridades con aires folclóricos y navegando por distintas corrientes que lindan la música popular, dio paso a Virtud del viento, composición que dibuja la transformación que sufre el paisaje a medida que uno se aleja del corazón de Buenos Aires.

Escribí hace bastante tiempo atrás una canción que retrataba un momento triste de mi vida pero no viene al caso porque ya ni lo recuerdo. Tiene tres versos y en cada uno de ellos va creciendo el optimismo, expresó con humor Ignacio sobre Vidala triste vidala , tercer tema de la entrega.

Imbuido en una atmósfera íntima decorada con luces tenues, el septeto interpretó un breve pero conciso Jaque, cuya letra pertenece al poeta Guillermo de Soto y recrea las barridas y enroques dentro de un juego de ajedrez.

Entre frases que desvisten cuestiones relacionadas al origen y a la identidad, Que cosa también conformó la lista de canciones que el septeto regaló durante el show y, aludiendo nuevamente al paisaje como contexto de crecimiento, el pianista reflexionó acerca de cómo eso nos transforma y nos hacer ser otra cosa distinta a la que hubiésemos sido si no hubiéramos estado ahí.

Con humildad, agradecimientos y dedicatorias para las Abuelas de Plaza de Mayo de por medio, presentó Rayito de luz , canción que musicalizó Ignacio Guido sobre una poesía del narrador uruguayo Romildo Risso, reconocido en el mundo folclórico por ser autor de las líneas de Los ejes de mi carreta , a la que le puso melodías Atahualpa Yupanqui.

Invitando al jazz, la volátil voz de Florencia Otero condensó relaciones adolescentes en Pasapalabras, con aire popular, la nostalgia de cada lluvia en Cortinas de agua , y una especie de valsecito titulado Deja vú .

La velada contó con la participación especial del pianista, guitarrista y compositor entrerriano de música popular Carlos Negro Aguirre, quien sumó su voz a la versión en la cual el septeto encarnó la zamba Rosarito Vera, maestra, de Félix Luna y Ariel Ramírez.

Llegando al final del recital, el pianista interpretó Vámonos de casa, que compuso el 12 de diciembre de 2012 fecha apocalíptica del calendario maya y que con humor contextualizó: Estaba en mi casa y empezó a levantarse viento, entonces pensé: ·no será cierto, ¿no?· así que se me ocurrió la frase ·vámonos de esta casa que este viento sur rompe las maderas de este cuarto· y me dejé llevar .

El tema abanderado por excelencia de la noche fue la jazzeada Para la memoria, sobre la que enfatizó: Tiene esa cosa de haber sido profética. La escribí en tercera persona sin saber que por ahí me iba a llegar muchísimo má .

La compuso un 24 de marzo motivado por una muestra del fotógrafo paranaense Eduardo Germano en la que retrató a los desaparecidos y la tristeza.

El conjunto despidió un espectáculo que se caracterizó por ser musicalmente prolijo y estéticamente cuidado con La peregrinación, canción que describe la rutina de los obreros, y en la que Ignacio Guido se dio el gusto de dirigir el coro de un público deseoso de más.




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