Estudian pigmentos ecológicos y menos tóxicos para colorear cerámicos

La industria cerámica es demandante de diferentes pigmentos con el fin de darle color a sus productos, aunque su materia prima es a base de metales extremadamente tóxicos. Con la finalidad de disminuir su uso en la producción de pigmentos y con la intención de reemplazarlos con residuos de la industria, una ingeniera de la Facultad de Ingeniería, Xoana Gayo, está trabajando en una investigación donde se vislumbra un escenario sustentable y positivo para la industria, siendo un campo poco trabajado en el país.

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El hombre siempre buscó embellecer objetos con los diferentes colores que ofrecía la naturaleza. Con el tiempo y con la ayuda de la tecnología se fueron creando nuevas coloraciones artificiales que ampliaron notablemente la paleta cromática. Pero en esta búsqueda estética y cultural no todo es color de rosa, ya que algunos procesos industriales usan pigmentos que no son amigables con el medio ambiente.

La industria cerámica es demandante de diferentes pigmentos con el fin de darle color a sus productos, aunque su materia prima es a base de metales extremadamente tóxicos. Con la finalidad de disminuir su uso en la producción de pigmentos y con la intención de reemplazarlos con residuos de la industria, una ingeniera de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN, Xoana Gayo, está trabajando en una investigación donde se vislumbra un escenario sustentable y positivo para la industria, siendo un campo poco trabajado en el país.

Los residuos que generan las fábricas de pisos cerámicos y revestimientos son potenciales insumos para generar nuevos pigmentos más generosos con el medio ambiente. La investigadora Gayo, detalló que “se está trabajando con residuos metálicos de otras industrias, como limaduras y polvos, que pueden funcionar como pigmentos. Se han tenido buenos resultados con residuos de cromo y óxido de hierro” y anticipó que “en la actualidad tenemos residuo de cobre que hay que someterlos a diferentes procesos para determinar los resultados”. Estos metales poseen valor y podrían ser utilizados perfectamente para formar un esmalte cerámico.

Sin embargo, esta es solo una parte de la investigación iniciada hace tiempo, que persigue la creación de nuevos pigmentos más ecológicos y de costos económicamente inferiores a los establecidos hoy en día en el mercado. La ingeniera Gayo explicó que “estamos trabajando en la fabricación de nuevos pigmentos que tengan ventajas con respecto a los ya existentes, disminuyendo el elemento tóxico y reemplazándolo por otros más benignos, como por ejemplo el zinc. Esto se realiza a partir de varias formas de preparación, con otras formulaciones y métodos que generen un producto más sustentable”.



El pigmento es un óxido que posee un metal coloreado que se llama cromóforo. Este es mezclado con vidrio molido (fritta), en un proceso que se expone a temperaturas muy elevadas, y que dan como resultado los coloridos esmaltes para la producción de cerámicos. La investigadora manifestó que “se conocen pigmentos comerciales que se producen hace mucho tiempo, que tienen una gran cantidad de metales pesados que son tóxicos, como el cromo, cobalto, cadmio, antimonio, entre otros. Es por ello que en la generación de nuestros pigmentos tratamos de utilizar compuestos más nobles y no tan contaminantes, incorporando escasas cantidades de óxidos pesados para que sean más sustentables”.

Este trabajo científico, que se realiza en los laboratorios de la Facultad de Ingeniería, persigue un fin que traspasa las instalaciones de la institución académica, ya que Xoana Gayo se encuentra trabajando en el diseño del proceso de fabricación de pigmentos a nivel industrial y con criterios sustentables. “Estoy profundizando mi tesis de grado sobre el diseño de los equipos para la producción de todos los pigmentos que se van generando en la Facultad. La misma incluye molinos a bolas en escala industrial con equipamiento de motor y horno a gas, entre otros elementos”.

La Facultad de Ingeniería trabaja en proyectos de innovación científica con el objeto de contribuir sustentablemente a la industria, teniendo en cuenta el cuidado del medio ambiente y la búsqueda incesante de conocimiento en terrenos pocos trabajados en el país.

Pasión por el conocimiento

Xoana es oriunda de General Guido, una ciudad de 1.200 habitantes ubicada al este de la Provincia de Buenos Aires. Cuando llegó a Olavarría, sólo tenía en claro que quería estudiar, y comenzó a cursar la carrera de Ingeniera Química y de Arqueología, en la Facultad de Ciencias Sociales. Por cuestiones de horario, esta profesional que además canta y baila árabe, decidió continuar su capacitación en el campo de la ingeniería.

Primero finalizó el Profesorado y luego, a sus 24 años, se recibió de Ingeniera química en la Facultad de Ingeniería de la UNICEN. Actualmente reparte su tiempo entre los laboratorios de la institución, la enseñanza, y sus pasiones: bailar y cantar. En su camino al doctorado, Xoana sabe que no volverá a General Guido porque no podría hacer lo que más le gusta: proyectar su capacidad de investigación al desarrollo concreto de la ingeniería.

Fuente: Prensa FIO

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