Estela de Carlotto: “Siempre pensé que nos cruzamos sin conocernos”

Infoeme dialogó con la abuela de Ignacio Guido, luego de cuatro meses de conocerse la noticia del encuentro con su nieto, al que buscó por más de 36 años. La titular de Abuelas de Plaza de Mayo contó cómo es la relación con su nieto y algunos detalles de la cotidianeidad de construir día a día una historia “que los que lo robaron me impidieron", dijo.

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Nota: Daiana Coppero / infoeme

La busqué para una entrevista durante dos meses y experimenté miles de sensaciones relacionadas con emociones, nervios y ansiedad. No imagino las miles de sensaciones experimentadas por ella en el momento en que consiguió ese abrazo con su nieto, al que buscó por más de 36 años.

Estela de Carlotto habló con Infoeme cuatro meses después del encuentro con Ignacio Guido. Contó cómo construyen su relación día a día, algunos recuerdos de su búsqueda y los detalles de conocerse día tras día.

¿Cómo es hoy tu relación con Ignacio a cuatro meses de haberlo encontrado?

La relación es muy, muy buena. Realmente yo estoy tan feliz, porque no en todos los casos ha resultado ser fácil, a veces es duro. Hay que ver que se trata de personas, en este caso ya adultas, que el impacto, el cambio, a veces es esperado y a veces no. En este caso especial, lo más importante es que mi nieto buscó su identidad. Ya traía una decisión personal de dilucidar esa duda que tenía, de si sería hijo de desaparecidos.

Entonces facilitó el encuentro, pero eso fue uno de los motivos. Es un muchacho muy sano, muy extrovertido. Es una persona adulta, pero que tiene una vida hacia fuera, que le ha permitido, desde el arte, conectarse con el otro. Entonces la relación con nosotros, familiar, es muy buena. Inmediatamente después de saber quien era y quien era su abuela, su familia, tanto paterna como materna, aceptó y propuso encontrarnos. En eso estamos, siempre nos estamos conociendo, porque hace cuatro meses que se produjo el encuentro, esa maravillosa noticia. Nos vamos conociendo, él con sus primos, sus tíos, sus abuelas.



¿Te imaginabas tenerlo tan cerca? Digo, ¿tan solo a 400km de distancia?

Imaginate que en 36 años que yo lo busqué, me imaginé de todo. De lo peor hasta lo que realmente es ahora, lo maravilloso. Pensé si estaría vivo, porque también eso pasa. Pensé si estaría cerca o lejos, con quién, cómo, qué estaría haciendo, a quién se parecería, porque cuando me preguntaban yo siempre decía que buscaba el rostro de mi hija Laura. Porque como al papá no lo conocí, no tenía una imagen de él. Mi marido lo había visto, pero no me expresaba bien como era.

Yo pensaba muchas veces que a lo mejor nos habíamos cruzado sin reconocernos. Y efectivamente fue así, porque en algunos lugares estuvimos simultáneamente. En música por la identidad, por ejemplo, y él estuvo cerca de nuestros nietos recuperados en la ex Esma. Osea que andaba cercano a nosotros. Pero son esas cosas que uno no sabe. Podría haber hablado con él sin pensar que era mi nieto.

¿Que fue lo más alocado que hiciste en los países que recorriste para buscarlo?

En principio recolecté cosas para dárselas. Cada vez que iba a un encuentro por la infancia o alguna organización internacional que daban remeras o pines, yo los junté y los tengo a todos.

Pero también alguna vez, me acuerdo, por ejemplo, en Bruselas hace muchos años, caminando encontré un muñequito y dije “esto es un signo”, porque uno se agarra de esas cosas. Tengo una chapita que me regalaron, para poner en la puerta de la habitación, con el nombre de Guido que se la tengo que dar.

Recuerdo también que una vez seguí por muchas cuadras una señora que tenía en sus brazos a un chiquito de unos 3 años, que tenía la carita muy parecida a uno de mis hijos, y yo dije “este puede ser”. Después la miré a la señora y era igual al bebé. Eran ilusiones. El sobresalto que sentía cada vez que escuchaba el nombre Guido. A veces hasta he parado para preguntar cuantos años tenían, como vieja curiosa. Y cuando me decían la edad les decía “ah bueno, un gusto chau chau”, porque no coincidía para nada. Eran esas cosas de una abuela desesperada. Después he tenido algunas informaciones de otros casos que podrían haber sido mi nieto, siempre con resultados negativos. Tuve la suerte de, por mi personalidad, no engancharme con ilusiones fuertes, cuando después la sangre decía que no. Porque sino la caída era muy dura. Tengo mucha experiencia de ser la presidenta de Abuelas, ser parte de una institución y tener conductas personales, pero también institucionales.



¿Que cosas disfrutás de Ignacio?

Todo, todo, todo. Lo estudio, a veces espero que no se de cuenta que lo estoy mirando tanto. No me gusta que se sienta observado, pero últimamente me pasa de soñarlo de más chico y en estos encuentros que tenemos lo miro como si tuviera 5 años. A veces la imaginación me hace devolver esa historia que los que lo robaron me impidieron, verlo crecer.

En las primeras apariciones en los medios de Ignacio, él dijo que los Carlotto eran de abrazar mucho, y él se mostraba más reacio. ¿Ahora se deja abrazar?

Yo lo comprendo porque no soy besuquera ni agarrera. Prefiero un abrazo suave al apretón y que me revuelvan el pelo, esas cosas que hace la gente en su afán de demostrar cariño. No me extraña que él sea así. Pero es cierto, mis nietos sobre todo son muy expresivos, y yo les recomendé el día que lo iban a conocer, que no lo agarraran, porque a él no le gustaba. Y así se portaron un poco mejor. Ahora le hacen de todo, le dicen de todo, han tomado confianza. Es fuerte para él todo esto, pero bueno, ya tendrá que acostumbrarse porque él también tiene un carácter muy risueño, muy bromista.

¿En que cosas se parece él a vos?

Yo creo que en la dialéctica, porque habla muy bien, tiene una forma clara y segura y muy didáctica para hablar, y saber responder, a veces a las preguntas ajustadas a cosas duras también. También me lo dicen mis otros nietos, porque tiene mi forma, mi manera, se expresa con claridad. De hecho es docente, como yo. Algunos dicen que en la foto que estamos los dos abrazándonos porque nos pide la prensa el día del encuentro, dicen que el rostro es parecido, yo no lo veo así, yo lo veo por las fotos muy parecido a su papá y la familia paterna dice lo mismo. Pero algo tendrá, algún gesto, vaya a saber.

En 1996 escribiste una carta para él, en la que le decís “Descubrirás que te gusta la ópera, la música clásica o el jazz”. ¿Crees en los guiños del destino o esas cuestiones mágicas?

Yo creo que si, que tiene algo de magia. Porque fijate que yo a esa carta se la escribo a él, lo estaba alentando a que estuviera donde estuviese tuviera estos gustos por la ópera, por la música jazz, y por esos músicos de entonces que le gustaban a su mamá, que era consecuencia de que era el hijo de ella. Yo creo que a veces hay presentimientos, premoniciones en una abuela, porque hay más cosas que yo le he dicho con el correr del tiempo y se han dado. A veces pienso que me las dicta Laura desde algún lugar, porque ella estaba ayudándome desde algún lugar a encontrar a su hijito.



¿Que gustos compartís con él?

La familia, él es casero, le gusta estar en su casa. Yo cuando era chiquita también viví en el campo y se lo que es disfrutar de eso, de lo natural, las plantas, los pájaros, los animalitos. Y él tiene mucho amor por eso, está muy arraigado al lugar donde ha crecido. Entonces creo que en eso también. En la forma de hablar, me une a él esta forma de comunicarnos, donde ninguno de los dos asedia al otro. Porque yo si fuera más temperamental lo acosaría, tengo mil cosas para contarle. Alguna vez le digo “hace mucho no me decís abuela”, y entonces él me contesta “abuela, abuela, abuela, abuela un montón de veces”

¿Habías venido antes a Olavarría alguna vez?

Si, estuve antes y seguramente él andaría por ahí. Porque fui a dar una charla institucional y de ahí nos fuimos a Tandil. El otro día me entregaron como regalo de cumpleaños un cuadro hecho con recortes de diario, donde dice el mismo momento en que los dos estábamos en Mar del Plata, en los juegos bonaerenses yo había ido, y él estaba por otro tema, pero en el entorno, en los mismos lugares.

Yo siempre pienso, “cuántas veces me lo puedo haber cruzado sin reconocerlo”, nos miramos sin vernos, y de hecho pasó.


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