El olavarriense Franco Brisioli lanzó su primer disco

Se trata de “Si me vieran los muchachos”, que cierra una etapa en la carrera del músico, radicado desde 2007 en Capital. Allí se dio el lujo de participar en proyectos y compartir trabajos con artistas como Palo Pandolfo, Juan Subirá, Goy Karamelo y Edu Schmidt, entre otros. En Olavarría formó parte de las bandas “La senda” y “Peinate que viene gente”.

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El olavarriense Franco Brisioli tiene su primer disco propio salido del horno. “Si me vieran los muchachos” fue finalizado a fines del 2013 en Capital Federal, donde el músico de 28 años vive desde el 2007.

Desde chico Brisioli se metió al mundo de la música, de la mano de su papá Daniel y un Casio viejo. Con el tiempo se volvió autodidacta, aunque no faltaron algunas clases de jazz, piano y canto. Su recorrido artístico y participación en bandas es extenso y continúa forjándose en la actualidad. Ha pasado por “La senda” y en “Peinate que viene gente”, donde estuvo casi siete años como tecladista, autor y co autor de algunas de las canciones. Se ha presentado en bares, karaokes, bandas de cumbia y de jazz.

Según confesó a Infoeme, irse a vivir a Capita Federal le “cambió la vida y me dio la increíble oportunidad de tocar en ‘Sancamaleon’ y entrar en el under porteño siendo el teclas del tercer disco de la banda ‘Afuera’ uno de los discos que mas me gustó tocar y que además fue producido por el ‘Chavez’”, cuenta.



Además, grabó un disco de Flamenco Rock con otro ensamble llamado “Familia el Hampa” donde trabajó con el hermano de Leo, Pablo Sbaraglia. También “cumplí un sueñito que fue el de compartir disco con grandes como Palo Pandolfo, Juan Subirá, Goy Karamelo, Edu Schmidt, Carlos Martín y la peña pop”.

Pero expresó que lo que lo llevó a grabar su propio disco en el estudio “Alto Voltaje” en Parque Centenario fue la necesidad “de dejar plasmado en una obra, una serie de sucesos a modo de epifanía. De mostrar el sendero de la ida ajetreada y el regreso triunfal. De como una especie de Ringo Bonavena nos volvemos a levantar en cada caída” y contó que tenía algunas canciones armadas así que “me la jugué y explore no solo como músico sino además como productor”.

“Hacer canciones en un estudio, grabarlas, editarlas y mezclar es mi gran pasión. Este disco es el cierre de una etapa y el inicio de una nueva, lo que siempre son los discos, y quiero seguir cerrando etapas y empezando otras hasta que me muera”, confesó el músico.



Sobre el proceso de grabación, dijo que fue distendido y relajado. “Disfrutábamos de cada instancia de grabación con risas, chistes y hasta unas bondiolitas excelentes en la terraza del estudio junto con Joaquín Salamero, mi compañero de travesía y capitan de la nave. Hizo el laburo más fuerte ayudarme a organizar arreglos, ideas y fue quien le saco el sonido que buscaba”, explicó y detalló que las teclas fueron grabadas en su casa en un estudio chiquito que tiene montado en el living.

En el disco (con muy original diseño) hay cuerdas, caños, programaciones y acústicas grabadas por el mismo Brisioli. Además “hay mucho trabajo vocal y muchisimo groove. Hay sintes hipnóticos entretejidos y no solo desde las canciones se puede disfrutar de algunas sutilezas sino que desde la misma producción hay un trabajo de selección muy exhaustivo, el enganche de los temas, backgrounds especiales entre canción y canción y miles de cosas”, concluyó el artista, quien agradeció por el apoyo a sus padres, a su mujer Celeste, a Joaquín Salamero, a los músicos y amigos.




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