El legado de los Gringos

Irma y Silvia, las hijas Torcuato Emiliozzi vivieron un día donde se juntaron todas las emociones. Acompañadas de sus hijos y nietos contaron qué les generó la obra y el significado que tiene para su familia.

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La familia Emiliozzi que construyeron Dante y Torcuato, fue seguramente su “motor” de vida y el que más disfrutaron. En esta apertura de su museo, las hijas de Tito, nietos y hasta uno de los bisnietos hablaron en exclusiva con Infoeme para recordar épocas y contar las sensaciones de este día tan especial.

Primero habló Irma, quien sinceramente entendió que este fue una jornada “de muchas alegrías y emociones, las dos cosas a la vez. Hay algo de tristeza y otro tanto de felicidad. Cuando digo tristeza, tiene que ver lógicamente porque acá adentro se movió toda una vida. Hay tantos recuerdos de gente que está, pero que no está… Es una manera que tienen ellos en decir presente”.

Luego recordó “que (su padre y tío) vivieron por esta pasión del automovilismo pero dejaron otros valores y por eso hoy aún son reconocidos a más de medio siglo de sus éxitos deportivos”.

Silvia Emiliozzi reconoció que “cuando llegué y lo recorrí en silencio a este lugar me puse a llorar. Vinimos solas a la mañana y fue muy, pero muy, emotivo. Lo primero que pasó por mi cabeza fue recordar el tiempo que hacía que veníamos deseando esto. Al fin se pudo lograr. Muchas charlas, reuniones con gente que lo armaba. Hubo algunas idas y vueltas… Para nosotros, con Irma, decimos que es cerrar una historia. Era una asignatura pendiente y lo logramos con la ayuda de todo un equipo”.

Destacó que “cada vez que decimos que somos de apellido Emiliozzi, la gente nos pregunta si somos algo delos Gringos. Más allá de las carreras que ganaron hubo una enseñanza de un montón de otras cosas importantes, como la humildad, el trabajo, respeto… “

Esteban (nieto) recordó que “estuve hasta los 20 y pico de años con muchísima relación con ellos. Yo vivía entre Olavarría y Azul, por eso teníamos trato. Lamentablemente no los vi correr porque ellos dejaron en el ´69 y yo soy del 72, pero la relación familiar fue muy intensa. Ver todo lo que hay en el Museo es sumamente emocionante. Es un sueño hecho realidad”.

Francisco (nieto) sintió que este Museo es “maravilloso. El abuelo era un ejemplo de vida, de cómo vivir bien, de saber llegar al final de una vida de la mejor manera, recorrer un camino con integridad y valores… La gente que conoció a los Emiliozzi se las nota emocionada por la historia pero yo conocí a mi abuelo. En este lugar tiene que estar la transmisión del trabajo y la humildad desde el silencio. Eso es lo más importante y significativo para las generaciones que vienen”.

Y hasta Alfonso (bisnieto) se animó, pese a ser un niño, a dar algunas definiciones sobre su bisabuelo. Dijo saber “era un gran piloto y que ganó cuatro campeonatos. Vi que la gente lo quiere mucho acá. Me habían dicho eso”, finalizó el pequeño.

La sangre Emiliozzi y los recuerdos de toda una vida (por más que algunos no se vean), ahora tienen su lugar. Están en el centro de Olavarría o, como algunos van a llamarlo, el museo de los Gringos.



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