Declararon culpable al militar retirado que mató a su expareja: no tendrá condena perpetua

En una audiencia que comenzó a las 9 de la mañana y terminó cerca de la medianoche de este miércoles, un jurado integrado por doce personas declaró a José Meliton Tapia culpable del homicidio agravado por el vínculo que mantenía con Silvia Marchesi, con "circunstancia extraordinaria de atenuación". El acusado no quiso estar en la sala al momento del veredicto.


Cobertura especial Infoeme / Daiana Coppero

El juicio, que se llevó a cabo en los Tribunales de Azul, tenía previsto terminar en una tercera audiencia que se desarrollaría este jueves, pero una serie de cambios de estrategia de parte de fiscalía y defensa, el llamado a nuevos testigos sobre la marcha y los recesos en medio del debate, hicieron que se extendieran los tiempos y que ya casi a medianoche el jurado diera su veredicto.


Leído por la presidenta elegida por los 12 miembros, el jurado determinó, en forma unánime, que "encontramos al acusado José Meliton Tapia culpable del delito de homicidio agravado por el vínculo de pareja mantenido con la víctima y por el uso de arma de fuego, atenuado por circunstancias extraordinarias de atenuación".

Por otra parte, lo encontraron también culpable del delito de portación de arma de fuego de guerra sin la debida autorización legal, pero fue absuelto del delito de abuso de armas en relación a la víctima Gastón Urruti.

De este modo, la pena para Tapia no será una condena perpetua, sino que debido a los atenuantes encontrados por el jurado, el veredicto no se refirió a la figura de femicidio y el Juez Martín Céspedes deberá ahora determinar la condena para el acusado, que prevé de 10 a 25 años de prisión y no una condena perpetua, como se presuponía en el principio del debate.

Antes de la lectura de los alegatos de las partes hubo una fuerte pelea en los pasillos de los tribunales entre las cuatro hijas de Tapia (de dos diferentes matrimonios), que tuvo que ser disipada por personal del juzgado y agentes policiales.

En relación al juicio, prestaron declaración diez testigos, entre ellos el acusado, que respondieron a los interrogantes del Fiscal Cristian Citterio y el Defensor Martín Marcelli. El testimonio de los tres hijos de Silvia Noemí Marchesi, la mujer asesinada de tres disparos en el estacionamiento del bingo de nuestra Ciudad y de José Meliton Tapia fueron los más destacados del día.

Lorena Magalí Tapia fue sorpresivamente llamada a declarar dado que, en primera instancia, su testimonio había sido desistido por la Fiscalía. Sin embargo, la posibilidad se abrió tras el testimonio de un policía de la Comisaría Primera- que en su momento le había tomado declaración a la joven- y a quien el fiscal Citterio consultó sobre los dichos de la mujer en sede policial. En ese momento la Defensa Martín Marcelli cuestionó la posibilidad de indagar al testigo sobre lo declarado por un tercero, lo que derivó en la solicitud de la Fiscalía de llamar a la Sala a la propia hija de la pareja.

"Vengo a dar la cara y quiero que se haga Justicia porque mi mamá no descansa en paz" señaló ante el Juez y los jurados populares.

Expresó que con su padre no se hablaba ni tenía trato desde hacía un tiempo. Precisó que su madre, Silvia Noemí Marchesi había dejado de hablarse con Tapia desde el 24 de diciembre de 2013- es decir aproximadamente unos dos meses antes al crimen- cuando ambos mantuvieron una discusión.

Señaló que a los 17 años se fue del hogar de sus padres y marcó antecedentes de violencia del padre hacia su madre. Dijo que una vez José Meliton Tapia intentó ahorcar a su mamá y enumeró otros episodios en los que habrían producidos hechos de violencia familiar (la Defensa del acusado marcó que sus dichos tenían más de diez años de antigüedad).

Otra de las hijas de la víctima declaró por el pedido "sobre la marcha" del Fiscal Citterio. Mariana Tapia, al igual que Magalí, dijo que no se trataba con su padre desde hacía "varios años, desde que tenía 13 o 14 años".

Siempre fue agresivo, violento, tomaba mucho. Venía alcoholizado, se sacaba mucho, gritaba, rompía cosas.


Desdijo a su hermana al momento de referirse al hogar en donde vive. Magalí había dicho que vivía "en la otra punta de la ciudad" de los domicilios de sus padres –uno enfrente a otro. Mariana sostuvo que "Magalí vive actualmente donde vivía él, porque mi hermano es menor de edad y ella es la tutora".

También fue llamada a declarar una amiga de Silvia Marchesi, que manifestó que la víctima le había dicho que Tapia "era bueno mientras no tomaba, pero cuando tomaba le tenía miedo".

Tras un cuarto intermedio llegó Nicolás Tapia, otro de los hijos de Marchesi y Tapia, que vivía con la víctima hasta el momento del asesinato. Por el contrario a sus hermanas, el joven sostuvo que la relación entre sus padres "era buena, se llevaban bien, se veían siempre y mamá tenía llave de la casa porque guardaba el auto ahí".

"Él es derecho, tiene carácter fuerte, pero ese carácter a mi me sirvió para cosas buenas", dijo en relación a la personalidad de su padre y agregó que "después de un tiempo de lo que pasó tuve contacto con él. Hablamos muchas cosas que quedarán entre él y yo".

En la primera parte de la jornada se escuchó la palabra Norma y Juan, dos de los hijos de un primer matrimonio del acusado (tiene diez hijos, cinco del primer matrimonio, un sexto con otra mujer y cuatro con la víctima, Silvia Noemí Marchesi).


Ambos fueron testigos propuestos por la Defensa. Durante los relatos destacaron la "buena relación" que tenía con todos sus hijos y lo definieron como un padre "siempre presente".

Norma recordó el momento en que se presentó su padre a su casa tras el trágico hecho – cabe recordar que huyó de la escena y se fue directo a Azul- y cómo su esposo- el yerno de Tapia- lo acompañó a entregarse a sede policial. Contó que ella estaba muy nerviosa y que le pidió a su pareja que sacara a su progenitor del lugar porque estaba ensangrentado y no quería que lo vieran sus nietos.

Luego hizo referencia a cuando pudo visitarlo en la Comisaría de Tapalqué, momento en que le pidió una explicación. En ese momento, manifestó que su padre le contó que lo habían llamado por teléfono y que le dijeron "viejo cornudo, tu mujer te caga".

Qué él – por Tapia- "sabía dónde estaba" Silvia Marchesi (en referencia a que la mujer frecuentaba habitualmente el Bingo de Olavarría) y que al dirigirse a la casa de juegos "la ve salir del bingo abrazada con un señor".

Además, ambos testigos introdujeron la cuestión de un supuesto faltante dinero como otro de los ejes del caso.

Recordaron que tras la separación entre Tapia y Marchesi, su padre se mudó frente a la casa de la víctima y que mantenían una relación cercana, hasta el punto que esta última "era la única que tenía la llave de la casa".

Dijeron que su padre guardaba una importante suma de dinero en el domicilio- porque no le gustaba depositarla en los bancos- y que Tapia sospechaba de "un faltante" porque tenía en su mente la cifra precisa sobre el dinero que poseía.

También declararon las peritos psicológica y psiquiátrica. María Eugenia Navarro y Silvina Banega, respectivamente, destacaron haber mantenido dos entrevistas con el acusado y que en base a ello, más técnicas proyectivas, lograron establecer los rasgos de la personalidad de Tapia.

La psicóloga sostuvo que tiene una "estructura narcisista con rasgos psicopáticos", con una imagen de sí sobrevalorizada y que necesita desvalorizar a otros, que tiene un "funcionamiento egocéntrico, enérgico y que no admite fallas propias". Indicó además que "no hay una patología que le inhiba elegir que hacer", pero que al momento del hecho ha tenido una "herida narcisista que generalmente en una persona, cada vez que se hiere el sentimiento de valor propio, tiende a una reacción impulsiva".

La perito psiquiátrica agregó que "no había trastorno mental de base, pero que visualizó egocentrismo, prepotencia y frialdad afectiva" en Tapia.

El último testigo fue el propio José Meliton Tapia. El acusado comenzó su relato y sostuvo: "perdí el control, no me pude controlar. Me siento culpable por la vergüenza que les hice pasar a mis hijos. Pido mil disculpas, me siento arrepentido. Yo no soy nadie para quitarle la vida a nadie".

Recordó la madrugada del 11 de febrero de 2014 en la que "estaba en el club y me llamaron para decirme '¿que haces viejo cornudo?, tu mujer se fue con su macho', y me sentí mal. Me fui a mi casa y me faltaba dinero. Ella siempre me decía que se iba al bingo con una amiga, entonces fui, y cuando la vi venir abrazada con este hombre no lo soporté. Después no me acuerdo más nada".

Tapia también se refirió a la relación que mantenía con Marchesi y con sus hijos, y principalmente destacó el motivo por el cual sus dos hijas mujeres dejaron de hablarle cuando tenían aproximadamente 15 años. Según él "querían traer a los novios a la casa y yo me opuse, por eso me fui a la casa de enfrente".

Remarcó que él notaba un "faltante de dinero y sospechaba de ella" y que muchas veces le preguntó a la victima por ello pero "nunca me contestó". Incluso recordó que antes de dispararle mantuvo una breve conversación con la mujer y que ella le dijo "después lo hablamos en casa, la plata te la voy a devolver".

Tras varias preguntas del Fiscal, Tapia dejó de declarar por consejo de su defensor.

Cerca de las 19.30, los últimos alegatos de Cristian Citterio por parte de la fiscalía y Martín Marcelli, por parte de la defensa, se centraron en posturas totalmente opuestas. Luego de las instrucciones de parte del Juez y la lectura de los principios constitucionales para los jurados, los doce integrantes discutieron por más de una hora y media el veredicto para el acusado. Cabe destacar que una de las jurados fue reemplazada por una suplente, ya que se descompensó en la sala y tuvo que ser asistida por personal médico, que luego la trasladó hacia el hospital local de Azul.

Tal vez este episodio sea la consecuencia de una extensa y cansadora jornada que tuvo una duración de casi 15 horas. El agotamiento, el calor, el encierro, sean quizás algunos de los factores que impulsen a un nuevo debate sobre la modalidad de Juicio por Jurados que, en este caso, decidió declarar culpable, pero con atenuantes que reducen la pena, a un hombre que llegaba a juicio acusado de matar a quemarropa a su ex pareja.

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