A 52 años de la partida del gran campeón

Un 3 de marzo de 1963 Juan Gálvez ponía fin a su vida en la décima Vuelta de Olavarría. Él, junto a los hermanos Emiliozzi y los pilotos de aquellos tiempo sentaron las bases del -ya no tan- tradicional Turismo de Carretera.

Hace 52 años se apagaba en Olavarría la vida de Juan Gálvez, máximo campeón de los carreteros.
Marcaba el rumbo como preparador, admirado por sus hazañas, mecánico y piloto privilegiado. Sorprendía y excitaba. El máximo campeón de la historia del Turismo Carretera murió ganando.

Su vida se fue mientras se imponía en la décima Vuelta de Olavarría, el 3 de marzo de 1963, cuando tenía a la vista a los hermanos Emiliozzi, con quienes peleaba por la gloria teceísta.
La caja de cambios lo traicionó en la "Curva de los Chilenos", frente a la estancia de Aramburu, provocando el vuelco del Ford de Juan Gálvez, y la muerte de quien dio tantas veces su nombre al Campeonato Argentino.

Ganó cinco grandes premios, nueve campeonatos y cincuenta y seis finales. Su taller del barrio de Caballito era el "santuario de la velocidad", el lugar donde a las cuatro de la tarde el mate cocido era una tradición, o ese sitio con extraños trofeos, clavos y tornillos. Juan, como Oscar, eran ídolos indiscutidos. Intocables.

La Vuelta de Olavarría conformaba uno de los clásicos de la máxima. La capital del cemento era el hábitat de la velocidad. Era la casa de los Emiliozzi. No era fácil de visitante ir a doblegar a los "créditos" de esa ciudad, pero Juan se tenía fe para esa carrera.

Aquella mañana del mes de marzo, se inquietó por el mal tiempo, y desde la casa quinta donde se hospedaba, se dirigió a dialogar con las autoridades, para saber si se largaría la carrera.
La decisión fue positiva. Al fin, el barro era un viejo conocido que podía obrar en su favor.

Estrechó centenares de manos antes de la partida, sincronizó su reloj con el de Alejandro Marón, oficial deportivo, y subió a su Ford azul y rojo. Dominio sobre los Emiliozzi en las dos primeras vueltas, luego silencio y pesar. Juan Gálvez había partido. Se fue ganando, como los grandes, como el máximo exponente del TC. El camino y la ruta aún sienten la nostalgia y el recuerdo del zumbido triunfador del gran campeón.

Por Luis Orlando Sánchez / www.vertigomotorsport.com

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Fuente: www.eleco.com.ar

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