“Siempre los admiré y respeté mucho”

Así reflejó su sentir por los hermanos Emiliozzi Oscar Alcides Espinosa, más conocido como “Cacho” Fangio. Liagado al legendario “Chueco” vivió aquella época desde la niñez y sus primeros pasos en el automovilismo. Con una historia de vida muy particular, llegó a compartir momentos muy especiales junto a su padre y los “Gringos”, pero siempre en profunda intimidad.

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Si bien no fue contemporáneo con los hermanos Emiliozzi, sí le tocó compartir algunas pocas carreras con Dante y Torcuato. En su retina y en sus recuerdos persisten momentos de gran intimidad con los “Gringos”. Pero poco se conoce de la vida privada de él y de su tío aunque hay una historia de vida muy particular.

Oscar Alcides Espinosa es para todos “Cacho” Fangio. En un diálogo exclusivo con Infoeme, el sobrino del gran ídolo argentino confesó su profunda admiración y respeto por quienes entiende “fueron grandes profesionales y muy prolijos a la hora de trabajar”.

Cuánta emoción, cuántos recuerdos...

“Sí, en realidad es un momento especial, muy lindo. Esto nos trae muchos recuerdos a todos, recién me encontré con Carlos Pairetti, con “Laucha” Ríos, con Gil Bicella; todos compartimos momentos muy especiales. Yo tuve el placer de correr con ellos, ellos no tuvieron la misma suerte que yo porque en las cuatro o cinco carreras que coincidimos tuvieron que abandonar ellos. Pero siempre los admiré y los respeté muchísimo”.

¿Qué recuerdos tiene de Dante y de “Tito”?

“Los dos eran excelentes personas, lo que pasa que uno hablaba más que el otro, ese es “Tito”. Pero los dos tenían una condición particular, miraban mucho, a ellos les gustaba observar mucho los autos, a ver que tenía hecho uno o el otro. Pero honestamente eran muy buenas personas, yo tuve la oportunidad de compartir muchos almuerzos con ellos, sobre todo junto a mi padre, y yo los escuchaba, se aprendía mucho de escuchar a ellos. Imaginate que a mí me quedaba sólo escuchar, sabían mucho. Eran muy prolijos a la hora de trabajar y por eso lograron la confiabilidad que lograron con la Galera”.

¿Y en lo profesional?

Eran grandes artesanos, cada uno en lo suyo. Hoy tenés la suerte de comprar todas las cosas hechas, pero antes se trabaja todo a mano o dar con la persona indicada que te hiciera la tapa de cilindros, el árbol de leva, que trabajara en el block en la rectificación. Ellos fueron innovadores para la época. Además había mucha gente que trabajaba en los autos, y mucha gente “ad honorem”, era todo más familiar. Hoy en día es todo muy comercial y se hace cada vez más difícil armar un auto.

¿A la memoria se vendrán seguramente muchas anécdotas?

“Anécdotas hay muchas, yo por ejemplo cuando fui a correr a Paraná que fueron los hermanos Emiliozzi, el auto mío lo llevaban a remolque con una lanza y antes de llegar a Paraná lo pegaron contra un poste de teléfono. Así que tuvimos que trabajar cuatro días enteros para poder correr, y todos colaboraron, había mucha cortesía. Yo esa carrera tuve mucha suerte porque pude llegar tercero, pero lo increíble fue que a la vuelta, en la misma curva, el que me traía la coupe la pegó contra otro palo y me la destruyeron, así que imagínate que la tuvimos que hacer toda de nuevo, uno que cuidaba los fierros tanto en carrera, que te la destruyan en el camino es muy doloroso”.

¿Pudo recorrer el Museo, hay algo que le causó una sensación o un recuerdo especial?

“Y sin dudas la Galera, por ejemplo nosotros hace un año constituimos una asociación de coupecitas en Mar del Plata, y el domingo pasado fue la segunda carrera que hicimos. El año pasado gracias a la gran atención de Omar Rossini y de la Municipalidad de Olavarría que nos enviaron la Coupé, la pudimos exhibir, y la reacción que generó en la gente fue algo increíble, había gente grande que se largó a llorar. Yo la veo hoy y pienso a la velocidad que andaban, y es admirable, muy digno de ver.



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