“Motín”, una trágica realidad que se hace ficción

La matanza de ocho presos y la toma de 17 rehenes, entre ellos una jueza, durante la Semana Santa de 1996 en la Unidad 2 de Sierra Chica es la historia que refleja la película “Motín”, del director Jaime Lozano.

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Fuente: agencia Telam

Escenas sangrientas, personajes despiadados y la cotidianeidad denigrante que presos y guardia cárceles viven de un lado y otro de las rejas del penal conforman el clima que desencadena el motín con el que, además de intentar tapar una fuga, se “ajustaron cuentas” entre grupos rivales.

“Quise contar esta historia porque siempre me pareció muy fuerte e impactante. Buscamos revivir los hechos ocurridos en Sierra Chica, aunque fuimos cautos a la hora del relato para no molestar a nadie”, explicó Lozano a Télam.

Es que en "Motín" se reflejan, además, los mitos que de boca en boca surgieron de la revuelta más sangrienta de la historia carcelaria argentina: presos que fueron descuartizados y convertidos en carne para empanadas, un "picadito" de fútbol jugado con la cabeza de un líder asesinado y la supuesta relación amor-odio entre la jueza rehén y su preso "cuidador".

Lozano contó que la mayoría de las escenas exteriores del penal fueron filmadas en Sierra Chica. "La cancha de fútbol, los pasillos exteriores, la entrada, la guardia y la iglesia que se ven en la película están filmados en el escenario original".

"Quise contar esta historia porque siempre me pareció muy fuerte e impactante. Buscamos revivir los hechos ocurridos en Sierra Chica, aunque fuimos cautos a la hora del relato para no molestar a nadie"

En cambio, los calabozos, la panadería, la enfermería y hasta el túnel por el que iban a escapar los presos se reprodujeron en la deshabitada prisión de Caseros, que sirvió de escenografía para otras producciones, entre ellas la serie televisiva "Tumberos".

Para filmar en Sierra Chica, el equipo de productores, técnicos y actores debió sortear la burocracia penitenciaria, el revuelo de los detenidos y moverse con custodia permanente, además de instalarse en Olavarría, a 12 kilómetros del penal.

"Entrábamos custodiados, teníamos ciertos tiempos y horarios para filmar. Una vez hubo un alboroto entre los presos por la llegada de uno nuevo y no sabíamos dónde meternos. Entraban los guardias, había sirenas, fue un momento fuerte", recordó el cineasta.

"Tuvimos contacto con habitantes de Olavarría que se acercaban y nos decían `no, así no fue` o `acá no fue` y nos daban datos", contó Lozano, quien añadió que incluso algunos trabajaron de extras en escenas filmadas en la puerta del penal.

Además, un guardia penitenciario que trabajaba en Sierra Chica en 1996 fue uno de los encargados de la custodia del equipo durante la filmación.

Por todo esto, "Motín" despliega una versión documentada sobre los sucesos más destacados ocurridos dentro del penal entre el 30 de marzo y el 7 de abril de 1996, a la que el director denomina "docuficción" o documental ficcionado.

Los personajes salientes de "Motín" comparten roles protagónicos y permiten reconocer por sus perfiles y representaciones a los cabecillas de la revuelta y la jueza rehén de la historia oficial.

"Gapo", el líder de uno de los pabellones que refleja a quien en el motín real fue Agapito Lencina Aquino, está encarnado por Daniel de Vita.

Es fornido, resalta sus "códigos", es experto en el manejo de las "facas" y sustenta gran parte de su poder por sus estrechos vínculos con los guardias penitenciarios.

Su rival es "Broca", encarnado por Alberto Ajaka, el brazo fuerte de los amotinados. Es violento, impulsivo y adicto perdido a las drogas y, junto a su compañero de "ranchada", Peralta (personificado por Luciano Cazaux), conforma el grupo de líderes conocidos como los "Doce apóstoles" en la historia verídica.

El asesinato de "Gapo" a manos de "Broca" y sus laderos, la cacería y homicidios de sus compañeros de "ranchada", la recordada imagen de la jueza exhibida como trofeo de guerra en la terraza del penal y las negociaciones llevadas a cabo hasta la entrega de los amotinados, son los ejes de la historia.

Sobre la composición de los personajes, Lozano contó que se realizó "en grupo", aunque cada uno de los actores se documentó y aportó lo suyo.

"Buscaron información de los hechos y de los protagonistas. Valeria Lorca, en su papel de la jueza, incluso intentó obtener datos de ella en la actualidad, aunque según nos contaron nunca más habló con nadie sobre lo que pasó", relató.

La película cuenta además con el debut cinematográfico de Juan "Piti" Fernández, cantante de "Las Pastillas del Abuelo" y amigo personal de De Vita, en el papel de "Pelado", el compañero fiel de "ranchada" y ladero de "Gapo" adentro del penal.

En medio de las escenas "tumberas", el cineasta trazó una subhistoria: el padecimiento de la jueza cautiva en la enfermería del penal y el impacto de estar "del otro lado" y vivir la realidad de quienes ella misma día a día envía a prision.

Lorca -que evoca sin dar nombres el papel que le cupo en 1996 a la jueza de Azul María de las Mercedes Malere-, personifica a una mujer dura, solitaria que ingresa a Sierra Chica para negociar la rendición de los rebeldes y es tomada como rehén.

Su cautiverio está atravesado en esta ficción por violentos reclamos, intentos de violación y la permanente interacción, que por momentos se torna afectiva, con "Peralta", su "cuidador".

La película, que terminó de realizarse en 2013 y demandó un año de trabajo, comenzará a exhibirse hoy en la cartelera porteña, en el Gran Buenos Aires y en algunas ciudades del interior.

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